sábado, 7 de marzo de 2026

Nuestras vidas merecen estar en el centro

 

Somos mujeres con parálisis cerebral. No somos ejemplos de superación ni tragedias personales. No somos cargas ni inspiraciones para tranquilizar conciencias ajenas. Somos personas. Y nuestras vidas merecen estar en el centro.

Escribimos este artículo en primera persona del plural porque durante demasiado tiempo han hablado por nosotras. Han decidido por nosotras. Han interpretado nuestros silencios sin preguntarnos qué queríamos decir. Hoy hablamos nosotras. Y hablamos desde una perspectiva feminista interseccional y anticapacitista, porque nuestras opresiones no son individuales: son estructurales y tienen nombre.

Nuestros cuerpos no son el problema. Nuestros cuerpos son diversos. Son cuerpos que sienten, que desean, que piensan, que trabajan, que crean. El problema es el capacitismo: un sistema que mide el valor de las personas según su productividad, su velocidad, su supuesta independencia. Un sistema que convierte la diferencia en déficit y la necesidad de apoyos en exclusión.

Como mujeres con discapacidad vivimos en la intersección de múltiples desigualdades. El patriarcado nos infantiliza, cuestiona nuestra sexualidad y pone en duda nuestra capacidad para decidir. El capacitismo nos reduce a diagnósticos. Y cuando ambas opresiones se cruzan, el resultado es una vida constantemente condicionada por estructuras que no fueron pensadas para nosotras.

Un trocito de un artículo de mi compañera Marian Andrés, con el que me siento identificada.

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