Somos mujeres
con parálisis cerebral. No somos ejemplos de superación ni tragedias
personales. No somos cargas ni inspiraciones para tranquilizar conciencias
ajenas. Somos personas. Y nuestras vidas merecen estar en el centro.
Escribimos
este artículo en primera persona del plural porque durante demasiado tiempo han
hablado por nosotras. Han decidido por nosotras. Han interpretado nuestros
silencios sin preguntarnos qué queríamos decir. Hoy hablamos nosotras. Y
hablamos desde una perspectiva feminista interseccional y anticapacitista,
porque nuestras opresiones no son individuales: son estructurales y tienen nombre.
Nuestros
cuerpos no son el problema. Nuestros cuerpos son diversos. Son cuerpos que
sienten, que desean, que piensan, que trabajan, que crean. El problema es el
capacitismo: un sistema que mide el valor de las personas según su
productividad, su velocidad, su supuesta independencia. Un sistema que
convierte la diferencia en déficit y la necesidad de apoyos en exclusión.
Como mujeres
con discapacidad vivimos en la intersección de múltiples desigualdades. El
patriarcado nos infantiliza, cuestiona nuestra sexualidad y pone en duda
nuestra capacidad para decidir. El capacitismo nos reduce a diagnósticos. Y
cuando ambas opresiones se cruzan, el resultado es una vida constantemente
condicionada por estructuras que no fueron pensadas para nosotras.
Un trocito de un artículo de mi compañera Marian Andrés, con el que me siento identificada.
No hay comentarios:
Publicar un comentario