domingo, 12 de junio de 2016

INCLUSIÓN Y NO NORMALIDAD


“Haciendo un ejercicio me pedían imaginar que andaba por la playa, pues yo lo que me he imaginado ha sido una playa con sillas anfibias para poder entrar en el agua. Eso significa que soy feliz como soy, qué manía con tener que andar”.
A raíz de escribir en las redes sociales el comentario que veis al principio de este artículo, una amiga y seguidora me dijo que este sería un buen tema para mi blog.

Pues bien, lo que puedo sacar de esto es que a mí la discapacidad no me molesta, de hecho no me cambiaría por nadie. Alguna vez cuando me dicen: “si anduvieras…”: pues ayúdame a llegar a donde quiero llegar, no me pongas barreras físicas, pero tampoco mentales, acércate a mí sin miedo.
No todo el mundo tiene porqué desplazarse, comunicarse, comprender, ver y oír de la misma forma. Lo importante es poder participar en todas las actividades como uno más; para recibir, pero por supuesto también para aportar nuestro saber a la sociedad.

Hablando de esto, me viene a cabeza que el papel de los profesionales no debe ser curar, incluso a veces puede que crear falsas expectativas, sino mejorar la calidad de vida de las personas con discapacidad. (Es simplemente mi opinión), si os preguntáis qué es para mí la calidad de vida: no tener dolores y que la espasticidad me permita seguir manejando el ordenador.

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