domingo, 5 de abril de 2015

UNA ADULTA MÁS

En una discapacidad como la parálisis cerebral, como ya he dicho en algún otro artículo, no todas las personas tenemos el mismo nivel de inteligencia. Pero somos muchos, quizá más de los que la gente piensa, los que tenemos la inteligencia conservada.

Siempre he tenido muy claro que quería ser una más. Esto es más fácil, en cierto modo durante la infancia, pero se complica al llegar la edad adulta: porque la gente se empeña en verte como una niña. Esto hace que muchas personas con discapacidad no se vean como adultos, a pesar de tener edad y capacidad para serlo.
Pues bien, por experiencia propia puedo decir que, a veces, es duro para la persona con discapacidad sentirse adulta y que el resto de la gente, incluso puede que tu entorno más cercano, a pesar de ser bastante abiertos porque les has educado y demostrado tus capacidades, nunca acaban de verlo y no digamos ya el resto de la gente. Cuando te dicen: “Hay que hacer caso” o “Mira que es, no hace caso”. Pues sí, reconozco que tengo un carácter fuerte y mi propio criterio. Pero si no hubiera sido por mi carácter, hoy no sería la persona que soy.
Además, ciertas experiencias y el contacto con ciertas personas en estos últimos años me han hecho ver que no pienso de forma diferente al resto o, mejor dicho, que mis razonamientos son tan lógicos como los del resto.

En este tema tienen un papel muy importante las asociaciones que atienden a las personas con parálisis cerebral: deben prestar los apoyos necesarios para poder dirigir nuestras vidas y, lo que es más importante, enseñarles a ser autónomos: no solamente a los que tienen más capacidad, sino a todos, cada uno dentro de sus posibilidades.  

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