martes, 2 de agosto de 2016

MIEDOS Y LIBERTAD

Ana era una chica de 26 años con parálisis cerebral a la que le encantaba asistir a talleres y conferencias. Si iba a la asociación su madre no ponía pegas porque sabía que estaba bien atendida. Pero la cosa cambiaba cuando Ana quería quedar con sus amigas del curso online de escritura, entonces su madre ponía mil excusas para que Ana no quedase con ellas, pero después de acaloradas discusiones donde Petra le decía a Ana: “¿y si no saben manejar tu silla, y si no saben darte de beber?” Ana decía: “siempre estas igual, mamá”. Petra le respondía: “encima de que lo hago por tu bien” y Ana pensaba: “por mi bien o por su tranquilidad”, pero no se le ocurría decir eso, sobre todo, por no fomentar la discusión.
Cuando Ana se va con sus amigas, Petra y Juan se quedan solos; entonces comentan la situación. Juan le dice a Petra: “siempre estáis igual, no ves cómo disfruta, pues deberíamos apoyarla más y dejarla que hiciese su vida, aunque necesite apoyos; a mí también me da miedo, pero creo que ella es consciente de sus propias limitaciones, pero quiere vivir como una más”. Petra le dijo: “si le pasa algo me muero”; “te he dicho que a mí también me da miedo, pero debemos confiar en ella”.
  Ana le contó a sus amigas la situación con lágrimas en los ojos y su mejor amiga, Sofía después de darle un largo abrazo, le dijo: “te entiendo perfectamente, pero debes ponerte en su  lugar y darle tiempo. Eso sí,  sin dejar de ser tu misma. Igual debes intentar comunicarte con ella sin discutir”. Ana le respondió: “¿y quién se pone en el mío?” Después de esta fría respuesta; Ana le dijo: “perdona, sé que eres quien más me apoya, pero necesitaba desahogarme”.
Cuando Ana llegó a casa con su amiga, llevaba una gran sonrisa, pero cuando su madre le preguntó cómo lo había pasado. ella le respondió con un simple bien y pensó “qué más le dará a ella que solo quiere tenerme en casa o con la gente que a ella le conviene”.

Al día siguiente Ana fue a la asociación a un taller de comunicación asertiva donde aprendió pautas para comunicarse de otra manera con su madre: no levantar la voz, no anticiparse a sus reacciones y sobre todo a agradecerle que se preocupase por ella y la vez pidiéndole que la dejase hacer ciertas cosas y explicándole cómo se sentía cuando decía frases: “encima de que lo hago por tu bien”. Aunque Ana al principio no sentía lo que decía, vio como la elación con su madre fue cambiando poco a poco.

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